Libros § Si una noche de invierno un viajero, de Ítalo Calvino

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¿Es lo mismo un lector que un amante de los libros? Calvino, quien ha estado de los dos (e incluso tres) lados de ese imperecedero objeto que sigue despertando fanatismos, nos dice que no, pero que, sin embargo, pueden convivir en una misma sensibilidad, no más que distintas aristas de una misma realidad.

Para todos aquellos que aman los libros y su trasfondo múltiple es esta novela de Calvino, ideal. La estructura se presenta como un desafío al lector, interpelado desde la primera página, situado como protagonista de la aventura que se dispone a comenzar. En todo momento el lector está en el centro de la trama, no solo por el vocativo “lector” que le endilga desde numerosos párrafos y que lo invoca de forma directa, sino que también por el tiempo presente del relato. La figura del lector está presente en la historia misma, que parece preguntarse ¿qué quiere el lector? ¿qué espera de una novela? ¿qué le gustaría encontrar allí? La respuesta que da Calvino podría ser: el lector espera una expectativa, el retraso constante del goce, que como el amante difiere, en pos de una recompensa mayor: que el libro no termine. Claro, esto a condición de no darle un cierre, de no encontrar una conclusión. Se podría resumir como la esperanza del lector, que a su vez encarna su peor pesadilla: ver la historia truncada, desviada no una, sino diez veces. Algo, a primera vista, mucho más cruel que los giros de Henry James en trabajos como Los papeles de Aspern o La figura en el tapiz, donde le dice sin inmutar el gesto a quien lo lee: “te has confundido, buscabas encontrar algo que no importaba: has estado distraído durante todo el viaje pensando en la meta, pero la meta es una utopía, siempre más allá y así es como te perdiste de disfrutar el paisaje”.

Calvino quizás se empeñó en llevar al extremo la idea presente en unas líneas de Borges: “he renunciado a las sorpresas de un estilo barroco; también a las que quieren deparar un final imprevisto. He preferido, en suma, la preparación de una expectativa”.

Más allá de las intenciones, crueles o satíricas al truncar sucesivas historias, el ejercicio de Calvino nos deja repensar cuestiones metaliterarias, desde una estructura en abismo, un relato que no deja de referirse a sí mismo y a sus procedimientos, algo que generaría la algarabía extrema de los primeros formalistas. En la novela se pueden encontrar debates internos sobre nociones lingüísticas y literarias como el eterno problema del autor, las relaciones prácticas y materiales que rodean al libro más allá de su significado, los distintos tipos de lectores y lecturas que justifican esta particular y profusa industria cultural, e incluso la traducción, tan cercana a lo apócrifo.

Recomiendo Si una noche de invierno un viajero a los amantes de la literatura y de todos sus intersticios, en mayor o menor medida, ocultos.

 

 

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